La comunidad hoy

Las Concepcionistas Franciscanas de Almería, pertenecientes a la Orden de la Inmaculada, pero conocidas en nuestra ciudad como “Las Puras” son una comunidad formada en la actualidad por diez hermanas:

La comunidad 500 años después

La comunidad 500 años después

  • Maria del Mar Reche Moreno, Abadesa
  • Maria Dolores Gil Milán
  • Maria Encarnación Serrano Magán, Consejera
  • Trinidad Valverde Lázaro
  • Milagros González Morales, Vicaria
  • Corazón Rubio Fernández
  • Sacramento Sáez Lozano
  • María Soledad Ventura Escámez
  • Carmen López Montes
  • María Saldaña Rodríguez

Cada una de ellas, desde distintas circunstancias, optaron por seguir el Evangelio, desde la vida contemplativa, ésta que sabe penetrar el espesor de lo humano, apostando por la vida comunitaria siguiendo la espiritualidad franciscana, poblada de sencillez y libertad, en comunión con todo lo creado. Tras las huellas del mejor ejemplo, nuestra Madre Purísima, en actitud de receptividad y compromiso con la Vida.

Una vida de oración y silencio que contribuye a que todas las hermanas desarrollen las habilidades y conocimientos suficientes para vivir los contratiempos, constituyentes de toda vida humana, de manera positiva y enriquecedora.

Su día a día es igual al de todas las personas en lo referente a las tareas del vivir cotidiano; la diferencia es cómo viven el aquí -nuestro espacio- y el ahora -nuestro tiempo-. Creen en los valores que construyen comunidad, hacia adentro y hacia fuera, respetando la diferencia, solidarias con este mundo en crisis, no sólo económica sino huérfana de valores que generen futuro.

Aunque la sociedad actual, la de una crisis globalizada, no favorece contextos propicios, sí hay personas que a pesar de sufrir situaciones muy adversas y extremas, son capaces de dar sentido a la existencia. Ellas pueden darnos lecciones de vida de cómo sobrevivir al vértigo de esta sociedad postmoderna, porque son personas que han vuelto a aprender a vivir. Su testimonio nos deja dos antídotos para afrontar la contingencia humana: el vínculo y el sentido. Por eso el monasterio tiene las puertas abiertas, vocación de hogar que acoge a toda persona en su necesidad

Y en este caminar contingente, precario, poblado de incertidumbre quieren contagiar  esperanza, iluminar las sombras y potenciar las luces del paisaje del crecimiento personal y comunitario.

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